Las actividades agrarias se encuentran cada vez más excluidas de los espacios rurales

A media­dos del siglo XX entra­ron en cri­sis las acti­vi­da­des pri­ma­rias,  por el dete­rioro de las ren­das de los agri­cul­to­res y pes­ca­do­res, siendo cada día los gas­tos de vida más ele­va­dos y los ingre­sos por sus pro­duc­tos más bajos. Las polí­ti­cas de desa­rro­llo rural pro­mo­vi­das por la Unión Euro­pea han apos­tado por la mul­ti­fun­cio­na­li­dad, que con­siste en la diver­si­fi­ca­ción de las acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas en estos espa­cios. Pero real­mente solo se ha apos­tado por el turismo, con­vir­tién­dose en un mono­cul­tivo en algu­nos casos.

La Albu­fera de Valen­cia es un espa­cio lacus­tre, que está sepa­rado del mar por una por­ción de tie­rra deno­mi­nada res­tinga, que está situada 20 kiló­me­tros al sur de esta ciu­dad espa­ñola y que desde 1986 tiene la cata­lo­ga­ción de Par­que Natu­ral.  Den­tro de los lími­tes de esta, se encuen­tra el núcleo rural de El Pal­mar, donde tra­di­cio­nal­mente la pesca y el cul­tivo del arroz han sido las acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas más impor­tan­tes. Ambas rea­li­za­ban de forma tem­po­ral, donde un periodo del año la gente se dedi­caba a la pesca y otro al cul­tivo arro­cero, pues cada una tiene su ciclo, y eran com­ple­men­ta­rias. En la actua­li­dad se ha sufrido un pro­ceso de “desagra­ri­za­ción”, en el cual los ingre­sos ya no pro­ce­den de la acti­vi­dad pri­ma­ria, pues se ha pro­du­cido una ter­cia­ri­za­ción eco­nó­mica, con la pro­li­fe­ra­ción de res­tau­ran­tes y de visi­tas guia­das al lago. Este ha pasado de ser un bien de pro­duc­ción, pues antaño pro­por­cio­naba pes­cado, a un bien de consumo.

Entre fina­les del siglo XIX y la segunda década del XX se pro­du­je­ron los ate­rra­ments. Estos con­sis­tían en la colo­ni­za­ción de super­fi­cies lacus­tres para dedi­car­las al cul­tivo del arroz. Se hacían mediante relleno de barro, y creando cana­les para regu­lar el agua. Ello ha hecho que el pue­blo se encuen­tre rodeado de arro­za­les y cana­les, como se puede obser­var en la imagen.

20140046_imagen Antonio Bellont

Arro­za­les junto a un canal en El Pal­mar (Valen­cia). (Foto del autor, mayo de 2013)

La pesca entró en deca­den­cia en la década de los sesenta, con la intro­duc­ción de pro­duc­tos quí­mi­cos para la agri­cul­tura y por los pro­ce­sos de indus­tria­li­za­ción y urba­ni­za­ción, que pro­vo­ca­ron la reduc­ción de los peces en el lago por la con­ta­mi­na­ción. En la actua­li­dad es una acti­vi­dad mar­gi­nal, rea­li­zada a tiempo par­cial, hecha por muchas per­so­nas jubi­la­das para com­ple­tar las bajas pen­sio­nes que reci­ben, o tam­bién de forma tran­si­to­ria por per­so­nas que se encuen­tran en situa­ción de paro.  Es nece­sa­rio que se pro­duzca un reju­ve­ne­ci­miento de los pescadores.

En las últi­mas déca­das los res­tau­ran­tes han con­quis­tado el pue­blo, con­si­guiendo una gran cap­ta­ción de visi­tan­tes para degus­tar el plato típico del lugar, cono­cido como “all i pebre”. Este es un guiso hecho con angui­las, ajo y pimienta.

Por otra parte, la Comu­ni­dad de Pes­ca­do­res es la ins­ti­tu­ción que ha regido las rela­cio­nes socia­les y la acti­vi­dad eco­nó­mica de este núcleo. La per­te­nen­cia a esta per­mi­tió el acceso a la tie­rra, que fue lo que marcó la dis­tin­ción social, cuando antes de que se rea­li­za­ran los ate­rra­ments, la pesca había sido un ele­mento igua­li­ta­rio entre los que rea­li­za­ban esta acti­vi­dad. Los redo­lins son cala­das de pesca deli­mi­ta­das con cañas, que se sor­tean de forma anual  para repar­tir­los entre los pes­ca­do­res ins­cri­tos. Por otra parte, la heren­cia ha sido un aspecto esen­cial en este espa­cio rural. Se here­daba por un lado tie­rra y vivienda, y por otro los dere­chos de pesca. Estos últi­mos con­sis­ten en la trans­mi­sión del redolí, que sólo puede tener un here­dero y hasta hace poco tenía que ser varón. Esto ha pro­vo­cado una lucha social, pues algu­nas muje­res inten­ta­ron obte­ner este dere­cho, pero fue­ron siem­pre recha­za­das. Por tanto ha exis­tido una dis­cri­mi­na­ción hacia la mujer. En 2007 algu­nas fémi­nas, que habían sido recha­za­das, recu­rrie­ron al Tri­bu­nal Supe­rior de Jus­ti­cia, que les dio la razón.

En defi­ni­tiva, se debe­ría apos­tar por el desa­rro­llo agra­rio en vez del desa­rro­llo rural, pues la hos­te­le­ría y las acti­vi­da­des ter­cia­rias no tie­nen por qué excluir de la acti­vi­dad eco­nó­mica a la pesca y la agri­cul­tura, ya que estas con­tri­bu­yen a la con­ser­va­ción de los espa­cios natu­ra­les y a man­te­ner la bio­di­ver­si­dad de estos, ade­más de que repre­sen­tan la iden­ti­dad de un lugar, pues en el caso de los arro­za­res son pai­sa­jes culturales.

Para mayor información:

BELLÓN CLIMENT, Anto­nio. Las acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas en El Pal­mar (Valen­cia): Entre la tra­di­ción y la moder­ni­dad. Revista Geographos-Grupo Inter­dis­ci­pli­na­rio de Estu­dios Crí­ti­cos y de Amé­rica Latina (GIECRYAL) de la Uni­ver­si­dad de Ali­cante, 2014, nº 64, p.206–232.

Anto­nio Bellón Cli­ment es estu­diante de Geo­gra­fía y Orde­na­ción del Terri­to­rio en la Uni­ver­si­dad de Alicante.

Ficha biblio­grá­fica:

BELLÓN CLIMENT, Anto­nio. Las acti­vi­da­des agra­rias se encuen­tran cada vez más exclui­das de los espa­cios rura­les. Geo­cri­tiQ. 25 de agosto de 2014, nº 79. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/08/las-actividades-agrarias-se-encuentran-cada-vez-mas-excluidas-de-los-espacios-rurales/>

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