En la Geografía, como en otras ciencias del hombre, podemos afirmar que las valoraciones más o menos explícitas se encuentran en el proceso de conocimiento, ya sea en la fase de definición de problemas, la elección de hipótesis y conjeturas, como así en el uso que se hace de sus resultados y conclusiones. Esta cuestión de las valoraciones, la encontramos en las indagaciones sobre la formación del campo de la geografía en general, y en particular en la Argentina. Cuando se pesquisa sobre cómo los geógrafos argentinos a partir de la década de 1950 se conformaron en un cuerpo social portador de un protocolo científico para conocer el espacio y cómo lograron institucionalizarse, se observa cómo muchos problemas fueron previamente delineados y demandados no sólo en subcampos académicos extranjeros, sino también en el campo político y económico donde dominaron agentes con intereses convergentes.

Romain Gaignard geógrafo activo en la difusión de las concepciones de la geografía francesa y en la diplomacia de ideas de la política exterior de Francia para la Argentina
En el caso de la Geografía Argentina, la influencia de la Geografía Francesa a través de sus autores clásicos,libros e ideas tuvo una influencia de peso; sobre todo a partir de que comienza una fuerte institucionalización que se impulsa con la creación de títulos universitarios específicos en la segunda mitad del siglo XX. La geógrafos argentinos adoptaron enfoques teóricos de los franceses, de esta manera hicieron propias miradas de una escuela prestigiada por entonces a nivel mundial, y que había logrado exportar con éxito una matriz reconocida, –sin duda, como parte de la diplomacia de la nación europea. Esta apropiación de la ciencia francesa les permitió a los argentinos una legitimación que se les hacía esquiva frente a pares extradisciplinarios.
Claro está que desde principios del siglo XX geógrafos franceses habían escrito relatos sobre el país, como fue el caso de Pierre Denis probablemente el más prolífico, que se editan entre las dos guerras mundiales. Su presencia la hace posible un convenio internacional académico entre Francia y Argentina. Este miembro de la escuela francesa, notable discípulo del mentor de esta corriente, Vidal de la Blache, va a producir obras muy substanciosas sobre el país. Su trayectoria posterior mostró a un hombre de Estado, asumiendo posiciones sobresalientes en la administración pública y las finanzas europeas luego de su experiencia latinoamericana.
Durante la segunda posguerra las relaciones exteriores se limitaron por desconfianzas mutuas entre ambas naciones, reiniciándose en la década de 1960 cuando comenzó un animado intercambio de geógrafos entre América Latina y Francia, que en algunos casos tenía antecedentes muy sólidos. En la Argentina, los puntos nodales de la red social que se fue extendiendo se situaron en la Universidad de Burdeos y la Universidad Nacional de Cuyo, siendo sus gestores principales respectivamente los geógrafos Romain Gaignard y Mariano Zamorano. Con motivo del jumelage arribaron personalidades de la élite académica y futuros graduados que hacían su experiencia de ultramar para escribir sus tesis obligatorias para titularse.

El geógrafo Mariano Zamorano que durante muchos años se desempeñaría como docente, investigador y dirigente en la Universidad Nacional de Cuyo
Hay que recordar que hacia finales de la década de 1950 se consolida en la Argentina un modelo productivo que asocia al Estado con agentes transnacionales. Esta innovación en la organización de la economía patrocinó una colaboración que no fue ajena a la diplomacia gala, que por entonces planeaba estrategias para afrontar la decadencia de la Francia imperial, para echar la relación con los países periféricos sobre otras bases. El desarrollismo en cuanto sistema de ideas significó una profunda intervención en las regiones destinadas a acondicionar la naturaleza. En muchos casos, la tecnología de avanzada y el capital fueron provistos por empresas francesas trasnacionales en asociación con reparticiones burocráticas argentinas que prestaban o contrataban los servicios de consultoría. Este modelo coadyuvó a los primeros pasos de la Geografía Aplicada, entendiendo esta rama activa de la Geografía como los estudios preliminares que se efectuaban para determinar la viabilidad de los proyectos de transformación espacial.
Finalmente, podríamos aseverar que la llegada de De Gaulle a la Argentina en los 60 puso sobre la mesa una agenda de temas comunes que ya se venían trabajando en las academias y agencias de acción territorial. Entre otros, son muy sugestivos los puntos que fueron motivo de diálogo, controversia y consenso, entre los que podemos citar los subsidios agrarios de la comunidad europea, los proyectos a concretar en forma conjunta en el sector rural, la participación de empresas industriales francesas en la economía nacional, y se concretaron un conjunto de convenios de intercambio académico y cultural. Además se puso en marcha un plan para la relocalización en el país de los europeos emigrados de Argelia luego de declarada su independencia. La dictadura que se instaura en 1976 liquida el modelo desarrollista dando por terminados estos acuerdos que recién se retomarían nuevamente, sobre todo en el orden académico y cultural, en la década de 1990.
Para mayor información:
CICALESE, Guillermo Gustavo. Diplomacia de ideas, política académica regional y Geografía. Una ciencia francesa para narrar e intervenir el territorio argentino de la Región Cuyana a la Pampa Gringa, 1947–1973. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 20 de enero de 2014, vol. XVIII, nº 465.
Guillermo Cicalese es profesor de Geografía e investigador de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Facultad de Humanidades, Grupo Instituciones de la Geografía).
Ficha bibliográfica:
CICALESE, Guillermo Gustavo. Acento francés en la geografía argentina. GeocritiQ. 20 de agosto de 2014, nº 78. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/08/acento-frances-en-la-geografia-argentina/>