El ferrocarril y la mina de Sevilla

Eviden­te­mente, sabe­mos que Sevi­lla no tiene mina alguna, de mate­ria­les claro. Sino que su mina, el tesoro, el capi­tal prin­ci­pal de la ciu­dad his­pa­lense lo for­man su pobla­ción y su terri­to­rio, el solar que ocupa. Simu­lando el con­cepto de mina, y apro­ve­chando la fuerte rela­ción ini­cial entre los cami­nos de hie­rro y la explo­ta­ción minera, pre­ten­de­mos fijar la aten­ción del lec­tor para expli­carle lo prin­ci­pal: cómo el ferro­ca­rril ha encon­trado en Sevi­lla, durante 160 años, una fuente inago­ta­ble y abun­dante de ingre­sos, eco­nó­mi­cos y patri­mo­nia­les, extra­or­di­na­rios e indebidos.

Desde que el ferro­ca­rril llamó a las puer­tas de la ciu­dad para traer y cons­truir (en el periodo 1850–1885) el sis­tema de trans­porte público más revo­lu­cio­na­rio del siglo XIX, ni las com­pa­ñías pri­va­das con­ce­sio­na­rias del Estado, que pro­mo­vie­ron y ges­tio­na­ron los cami­nos de hie­rro hasta 1.941, cuando son nacio­na­li­za­das, ni Renfe, orga­nismo esta­tal creado en ese año para explo­tar­los, en régi­men de Empresa indus­trial, han rea­li­zado inver­sión alguna (ya sea de cons­truc­ción, alte­ra­ción o modi­fi­ca­ción de tra­zado de la red) sin  que hayan bus­cado y obte­nido su prin­ci­pal obje­tivo: que no ha sido la pres­ta­ción de un ser­vi­cio público, sino el bene­fi­cio eco­nó­mico amplio, más allá del nece­sa­rio para man­te­ner y moder­ni­zar la acti­vi­dad pro­pia. Ese bene­fi­cio inme­re­cido ha sido a costa de la ciu­dad y del menos­cabo del inte­rés gene­ral de los ciudadanos.

El esce­na­rio que ha per­mi­tido ese resul­tado, que más ade­lante cuan­ti­fi­ca­re­mos, es ori­gi­nal y obje­ti­va­mente desigual para los acto­res, Estado (ya mediante com­pa­ñías, ya por Renfe)/Ciudad, y a favor del pri­mero; sin embargo, creo que las carac­te­rís­ti­cas de la segunda ( entre las cua­les, una deter­mi­nante: la desidia, que ha domi­nado a Sevi­lla  para cono­cer, reco­no­cer, defen­der y reivin­di­car sus cuan­tio­sos y diver­sos sue­los públi­cos; tam­bién, su per­ma­nente ten­den­cia para alla­narse a volun­ta­des y pro­yec­tos veni­dos de fuera, aun­que ello le exija auto­ne­garse), junto a los ins­tru­men­tos uti­li­za­dos (los Con­ve­nios, sobre todo), las malas prác­ti­cas urba­nís­ti­cas des­ple­ga­das ( como la espe­cu­la­ción) y la opa­ci­dad admi­nis­tra­tiva y ciu­da­dana en la ges­tión de los asun­tos impor­tan­tes de la ciu­dad, son  las que más han influido en el resultado.

20140043_imagen Antonio Martin

En lo patri­mo­nial, la Sevi­lla que recibe, a media­dos del siglo XIX, al ferro­ca­rril era una ciu­dad con un gene­roso patri­mo­nio de sue­los públi­cos; patri­mo­nio, a su vez, diverso en su tipo­lo­gía (de pro­pios, comu­na­les… ) y estruc­tura (radia­les, cir­cu­la­res, poli­go­na­les) y rico, pro­fuso, en su dis­tri­bu­ción terri­to­rial. Dos ejem­plos: el pri­mero, que solo en el periodo de 1855–1877, tan deci­sivo para la con­for­ma­ción de la red ferro­via­ria his­pa­lense, el Ayun­ta­miento pri­va­tiza más de 36 ha. de suelo público muni­ci­pal, loca­li­zado tanto en el inte­rior como en los már­ge­nes de la ciu­dad his­tó­rica, lugar donde se loca­li­za­rán las líneas del tren. El otro, los sue­los dema­nia­les (y, como tal, indis­po­ni­bles para el comer­cio de los hom­bres y sí para uso del común) supe­ra­ban las 500 ha. Sobre algu­nos de estos, espe­cial­mente los de forma poli­go­na­les, se asen­ta­rán las esta­cio­nes ferro­via­rias de Sevi­lla: Plaza de Armas, San Ber­nardo en el Prado de San Sebas­tián, o en el Prado de Santa Justa. Y lo harán, a mayor escala del desafuero, gra­tui­ta­mente y con cam­bia­zos docu­men­ta­les para rehuir el dere­cho de rever­sión (para los supues­tos de ineje­cu­ción de las obras o cam­bio futuro del tra­zado ferro­via­rio) a la ciudad.

Cuando, a par­tir de 1987, coin­ci­diendo con la revi­sión del Pla­nea­miento Gene­ral de la Ciu­dad (PGOU), se aco­meta la eje­cu­ción par­cial  de la reforma de la Red Arte­rial Ferro­via­ria (R.A.F.) deci­mo­nó­nica (red que, desde su cons­truc­ción, asfi­xiaba y frag­men­taba los cre­ci­mien­tos urba­nos), pen­diente desde algo más de un siglo, comen­zará el periodo dorado de la acti­vi­dad inmo­bi­lia­ria de Renfe en Sevi­lla, rea­li­zada sobre los sue­los libe­ra­dos de uso ferro­via­rio y mediante un ins­tru­mento jurí­dico de natu­ra­leza con­trac­tual y nego­ciado (entre Renfe/Adif, Junta de Anda­lu­cía y Ayun­ta­miento de Sevi­lla): los Con­ve­nios Urba­nís­ti­cos, que se extien­den, tem­po­ral­mente, desde 1987 a 2007.

La filo­so­fía de los Con­ve­nios, meri­dia­na­mente clara en la esti­pu­la­ción 6ª del deci­sivo docu­mento de 1990, ase­gu­rará la con­clu­sión a obte­ner. Se dice y aprueba, “la renun­cia por parte del Ayun­ta­miento de cual­quiera dere­chos que le pudie­ran corres­pon­der sobre las pro­pie­da­des de Renfe como con­se­cuen­cia del  com­plejo pro­ceso  his­tó­rico de for­ma­ción del  patri­mo­nio del ferrocarril”.

La con­clu­sión es que, a día de hoy, Sevi­lla con­ti­núa sin  rea­li­zar una com­pleta reforma de la  R.A.F., con lo cual el ferro­ca­rril sigue frac­tu­rando física y social­mente a la ciu­dad, creando con sus grie­tas y muros barrios-ghetos en la última peri­fe­ria, tam­bién en áreas cen­tra­les; sin embargo, en los sue­los libe­ra­dos por la reforma par­cial eje­cu­tada, cuya ges­tión se fun­da­mentó, como se demues­tra en el párrafo ante­rior, en la auto­ne­ga­ción de dere­chos y/o expre­siva desidia, ha per­mi­tido tras­pa­sar inde­bi­da­mente plus­va­lías espe­cu­la­ti­vas, a Renfe, 68 ha. de suelo edi­fi­ca­ble, valo­ra­das, en 1990, en más de 450 Mills/€ y, a la Junta de Anda­lu­cía, de 16 ha. y más de 105 Mills/€, res­pec­ti­va­mente. Reivin­di­ca­mos esos capi­ta­les y/o patri­mo­nios de sue­los para que, por jus­ti­cia, sean la fuente eco­nó­mica que resuelva, que cosa, suelde, el terri­to­rio his­pa­lense roto por los cami­nos de hie­rro y, al mismo tiempo, des­pa­rezca la mal­sana dua­li­dad ciu­da­dana que pro­du­cen las fron­te­ras  inte­rio­res del ferrocarril.

Para mayor información:

MARTÍN GARCÍA, A. (2014): Los Sue­los Ferro­via­rios de Sevi­lla: Saqueo de la Ciu­dad. Sevi­lla. Padi­lla Libros Edi­to­res & Libreros.

Anto­nio Mar­tín Gar­cía es Doc­tor en  Geo­gra­fía y Licen­ciado en Dere­cho. Empleado de la Geren­cia de Urba­nismo del Ayun­ta­miento de Sevilla.

Ficha biblio­grá­fica:

MARTÍN GARCÍA, A. El ferro­ca­rril y la mina de Sevi­lla. Geo­cri­tiQ. 30 de mayo de 2014, nº 55. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/05/el-ferrocarril-y-la-mina-de-sevilla/>

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