
Cartel gubernamental – ‘Una pareja solamente un hijo´
Este mes de noviembre el gobierno de China ha anunciado un cambio fundamental en materia de control demográfico. En una decisión histórica, se ha decidido que todas aquellas parejas donde al menos uno de los cónyuges sea hijo único puedan optar a un segundo hijo, abriendo la puerta así a un más que posible final de la famosa política del Hijo Único. El debate actual en el seno de la sociedad y del régimen chino se centra en si la política del Hijo Único debe ser abolida en su totalidad.
En vigor desde 1979, la política del Hijo Único ha cambiado completamente la idea de la familia china tradicional, fundamentada hasta entonces en un gran número de descendientes. Originada para combatir la superpoblación del país en un momento en que se estaban impulsando unas grandes reformas y la apertura económica del país, pocos dudan en China de que esta política era necesaria entonces para controlar un crecimiento demográfico cada vez más desbocado. Algunos estudios señalan que entre 1979 y 2000 se evitaron 300 millones de nacimientos, aunque otras fuentes señalan que en sus primeros treinta años de vida la política del Hijo Único logró impedir que hubiera en el país entre 400 y 500 millones más de nacimientos y que la población china alcanzara hoy día los 1800 millones frente a los 1300–1400 millones actuales de ciudadanos chinos. Según datos del Ministerio chino de Salud, desde 1979 se han llevados a cabo 336 millones de abortos, esto es, una media superior a diez millones de abortos anualmente.
Indudablemente, la política del Hijo Único ha sido uno de los mayores éxitos en la historia de la Humanidad en lo que a control demográfico se refiere, sobre todo teniendo en cuenta los desafíos de una acción semejante. De hecho, su puesta en práctica resultó polémica desde el principio al venir acompañada de una serie de medidas con el fin de asegurar su éxito. Estas medidas se fundamentaban en tres ejes: persuasión, coacción y sanción. Dicha política, convertida oficialmente en ley en 2002, siempre ha sido muy contestada por la sociedad china. No en vano, han sido sobre todo la coacción y la sanción las armas a las que ha recurrido el Estado chino para lograr ralentizar de manera notable el crecimiento demográfico. Este hecho ha perjudicado la imagen social del Partido Comunista Chino (PCCh), en el poder desde 1949, más que ningún otro. Ello no nos ha de extrañar pues ha conllevado una alteración profunda de la mentalidad china en lo que se refiere a la fecundación. Dicho de otro modo, la política del Hijo Único ha permitido al Estado ejercer un control sobre la esfera más privada de la vida social, esto es, la reproducción. Y ello ha tenido sus consecuencias. La resistencia de las parejas, especialmente en las áreas rurales, ha sido notable y el PCCh ha tenido que ir levantando progresivamente restricciones en este ámbito. Además, la propia estructura de poder en China, con la descentralización política, ha comportado diferencias en esta materia entre las diferentes regiones, provocando un mayor malestar social.
Desde hace una década, el Partido ha ido moderando su política de control demográfico y se han suavizado algunas de las medidas. Así, por ejemplo, desde 2002 se permite que aquellas parejas donde ambos cónyuges sean hijos únicos puedan tener un segundo hijo. Pero hay otros motivos que han llevado al Estado chino a tomar la decisión de este noviembre. Así, a Pekín no se le escapa que los cambios sociales derivados de tres décadas de reformas económicas y la apertura al mundo han llevado a un replanteamiento voluntario de la estructura familiar por parte de las parejas. Así, en las zonas urbanas, donde habita hoy día una mayoría de la población china, los estudios demuestran que en términos generales las parejas optarían, en caso de tener libertad para decidir, por tener como máximo dos hijos. Dicho de otro modo, a mayor progreso económico, menos hijos. Las dificultades laborales, el gusto por el ocio y el elevado coste de vida, donde se incluye una cara educación a los hijos en una sociedad tan competitiva como es la china, hacen que las parejas, sobre todo en las zonas urbanas, no tengan problemas en limitar de manera voluntaria el tamaño de la familia. Además, los jóvenes tienden a retrasar su emancipación y el deseo de formar una familia ya no es una urgencia. En definitiva, lo que se aprecia desde hace ya algunos años es una mayor coincidencia en el tamaño de las familias por parte de la sociedad y el que defiende el Estado.
Aparte del aspecto más social, hay también consecuencias económicas que se tienen que tener en cuenta. En los últimos años existe en el seno del gobierno chino una preocupación por el envejecimiento de la población china, gracias sobre todo al auge de la esperanza de vida, hoy día situada en torno a los 74 años. El mantenimiento de las prestaciones sociales (pensiones, ayudas, etc.) es una tarea a la que habrá que enfrentarse en pocos años y algunos especialistas señalan la necesidad de impulsar los dos hijos por familia como forma de superar el problema del envejecimiento de la población.
En este sentido debe ser entendida la decisión del gobierno chino de permitir un segundo hijo en el caso de que uno de sus progenitores sea hijo único. Partiendo del hecho de que más del 90% de los jóvenes menores de 32 años es hijo único o ha estado sujeto a la legislación del hijo único (en el campo se pueden tener dos hijos y las minorías nacionales tienen menores restricciones incluso), podemos afirmar que la decisión de Pekín pone fin, si no oficialmente, sí oficiosamente a la política del Hijo Único e instaura definitivamente aquello que los analistas contrarios a toda relajación en materia demográfica llaman la “política de los Dos Hijos” y que se ha ido vislumbrando desde hace ya algunos años en China.
Para mayor información
GOMÀ, D. ¡No más niños!: Análisis y balance de la política china del Hijo Único treinta años después de su implantación. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. 1 de enero de 2011, vol. 15, nº 348 <http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-348.htm>
Daniel Gomà es profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universidad de Cantabria.
Ficha bibliográfica
GOMÀ, D. China: el final de la política del Hijo Único. GeocritiQ. 5 de diciembre de 2013, nº 16. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2013/12/china-el-final-de-la-politica-del-hijo-unico/>