Barcelona existe, y Montjuïc todavía más

Lo cierto es que Bar­ce­lona existe por­que tam­bién existe Mont­juïc. Aun­que parezca un oxí­mo­ron la depen­den­cia de la ciu­dad con su mon­taña más urbana es abso­luta, según nos relata la his­to­ria geológica.

A par­tir de un hun­di­miento de la zona del lito­ral, en el inicio del mio­ceno, hace millo­nes de años, el mar inva­dió las par­tes bajas de la zona cos­tera. Pos­te­rior­mente, otros movi­mien­tos pro­du­je­ron un levan­ta­miento tec­tó­nico que con­formó la mon­taña de Mont­juïc y, al final del periodo ter­cia­rio, otra trans­gre­sión del mar la con­vir­tió en una isla.

La isla mon­jo­vica o de Mont­juïc, por su situa­ción ayudó a rete­ner sedi­men­tos cua­ter­na­rios trans­por­ta­dos por los cur­sos flu­via­les y por la diná­mica del lito­ral, haciendo que el per­fil de la costa variase y se ganara cada vez más espa­cio al mar. Así se creó el gran “solar” de Barcelona.

Mont­juïc, ade­más, llena de gene­ro­si­dad, per­mi­tió que el hom­bre sacara de sus entra­ñas la pie­dra nece­sa­ria para la cons­truc­ción de la ciu­dad. La Bar­ce­lona semi­nal, la Bar­cino del Táber, la ciu­dad medie­val, se cons­tru­ye­ron con pie­dra de Mont­juïc. Sus mura­llas, casas y tem­plos, nece­sa­rios para la defensa, el res­guardo y el culto con­tie­nen la apre­ciada pie­dra are­nisca, mayor­mente de color gri­sá­ceo, aun­que a veces con tonos ama­ri­llen­tos y rosáceos.

Y es así como paseando por el Barrio Gótico, fijando la vista en el entorno cons­truido reluce, como deno­mi­na­dor común, la sin­gu­lar pie­dra, desde el pavi­mento de las calles y pla­zas hasta las facha­das de los edificios.

2014003_imagen Estanislau Roca

Facha­das de la plaza de Sant Felip Neri de pie­dra are­nisca de Mont­juïc. Entra­ña­ble ima­gen cuyas pare­des hablan de san­gre, pól­vora y metra­lla. Fuente: Esta­nis­lau Roca

Segu­ra­mente no es nece­sa­rio apun­tar que su máximo esplen­dor en la arqui­tec­tura cul­mina en el tem­plo de la Sagrada Fami­lia o en otras obras de Anto­nio Gaudí. Se uti­li­zará hasta que se gene­ra­lice el empleo del ladri­llo a gran escala para la cons­truc­ción del Ensan­che Cerdà y, aún así, durante mucho tiempo, el zócalo de los edi­fi­cios será de are­nisca de Mont­juïc, dada su demos­trada resis­ten­cia a las incle­men­cias del tiempo, a la com­pre­sión y al roce.

Bar­ce­lona, según decía el poeta Ver­da­guer, cre­cía a los pies de la mon­taña y se hacía grande como ella. Pero mucho antes estaba docu­men­tada esta con­di­ción de mater­ni­dad, puesto que es bien cono­cida la tesis sobre la extrac­ción masiva de pie­dra, que con­dujo a con­ver­tir Mont­juïc en una mon­taña hora­dada a lo largo de todas sus fal­das, adu­ciendo Mont­juïc como la mon­taña mágica. Magia que se puede dedu­cir de la lec­tura del viejo manus­crito del jesuita Pere Gil que data sobre el año 1600:

La mon­tanya de Mont Juich junt a Bar­ce­lona és de con­si­de­ra­ció per averse edi­fi­cada della tota Bar­ce­lona. Diuen que la pedra creyx en ella: y que se a treta mes pedra della que no puja­ria tota la dita mon­tanya. Les moles della van per tot lo mon”

Sin embargo, la larga his­to­ria entre ciu­dad y mon­taña devino com­pulsa, some­tida entre el amor y el odio. Por su sin­gu­la­ri­dad, como un sím­bolo de rela­ción entre el cielo y la tie­rra, así como por sus con­di­cio­nes de defensa, y de amplia visión y domi­nio terri­to­rial pro­pi­cia­ron que, en Mont­juïc, los íbe­ros esta­ble­cie­ran el pri­mer asen­ta­miento humano impor­tante del que se tiene cons­tan­cia. Y es de supo­ner que, por las difi­cul­ta­des de esta­ble­cer el comer­cio en la mon­taña y por los pro­ble­mas de comu­ni­ca­ción y trans­porte debido al acci­den­tado relieve, se cons­tru­yera más tarde la ciu­dad romana del Táber. El asen­ta­miento ibé­rico de Mont­juïc se fue roma­ni­zando y con­vi­vie­ron dos Bar­ce­lo­nas, la Bar­cino del Táber y la Laye de Mont­juïc, hasta que se aban­donó esta última. A par­tir de enton­ces, y durante largo tiempo, Mont­juïc fue una mon­taña lejana que aco­gió poco más que acti­vi­da­des agrí­co­las y un cemen­te­rio judío al que debe su nombre.

2014003_imagen Estanislau Roca2

Foso de la Pedrera, corres­pon­diente a la anti­gua can­tera Mora­gues. Fuente: Esta­nis­lau Roca

La rela­ción sufrió un giro coper­ni­cano con la cons­truc­ción del cas­ti­llo mili­tar por parte del poder cen­tral del Estado que indujo a múl­ti­ples óbi­ces bajo su som­bra, hasta que la ciu­dad se cohe­sionó nue­va­mente a Mont­juïc, tras dos recon­quis­tas cla­ves: la pri­mera, la Expo­si­ción Inter­na­cio­nal del 1929 con la cons­truc­ción de la prin­ci­pal puerta de la ciu­dad en la plaza de España y la urba­ni­za­ción de la ave­nida Mª Cris­tina jalo­nada por gran­des pala­cios y, la segunda, los Jue­gos Olím­pi­cos, que pro­pi­ció impor­tan­tes mejo­ras urba­nís­ti­cas asociadas.

Mont­juïc no sólo fue la con­di­ción de la exis­ten­cia geo­ló­gica de Bar­ce­lona, pues tam­bién per­mi­tió pro­yec­tar la ciu­dad inter­na­cio­nal­mente. Y, a la pos­tre, en los cinco con­ti­nen­tes no sólo se es cons­ciente de que Bar­ce­lona existe, sino que ade­más, como con­cluyó un famoso rum­bero cata­lán, Bar­ce­lona tiene poder.

Para mayor información:

ROCA, E. 2000 Mont­juïc, la mun­tanya de la ciu­tat. Bar­ce­lona: Ins­ti­tut d’Estudis Cata­lans. ISBN 84–7283-490–5. Pre­mio trie­nal de inves­ti­ga­ción Lluís Domé­nech i Muntaner.

 

Esta­nis­lau Roca Blanch es doc­tor arqui­tecto y pro­fe­sor de la Uni­ver­si­tat Poli­tèc­nica de Cata­lunya, actual­mente es Direc­tor de Aná­li­sis y Pro­yecto Terri­to­rial del Depar­ta­mento de Urba­nismo y Orde­na­ción del Territorio.

 

Ficha biblio­grá­fica
ROCA, E. Bar­ce­lona existe, y Mont­juïc toda­vía más. Geo­cri­tiQ. 15 de enero de 2014, nº 25. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/01/barcelona-existe-y-montjuic-todavia-mas/>

Share and Enjoy

  • Facebook
  • Twitter
  • Delicious
  • LinkedIn
  • StumbleUpon
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>